miércoles, 30 de noviembre de 2011

DONDE LOS GRILLOS PROSPERAN


[Foto: Oleg Oprisco]


He perdido
la costumbre del nombre
cazando entre mis túmulos
la sal que sobra,
monstruo de mi tristeza,
para enjaularla en los pliegues
de otra metáfora.

       Aprendí a la fuerza
       que los fantasmas
       no se purgan con arena.


Me alejé de los muertos
y sus mariposas
ansiando el cese del bullicio,
la petrificación del mundo.


Pero me hallaron,
y dejaron sólo mis huesos
de sol herido de noche,
en la cueva de los cuchillos.


         La jaula siempre es pequeña,
         y los cadáveres siempre infinitos.


Es tarde para las regresiones,
para el retorno de esa inocencia
donde los niños sonreían pájaros.


Quiero migrar a ese lugar
lejos de todos,
lejos de mí,
tan al borde de la nada.


     Ir a ese rincón donde incluso
     los grillos prosperan.



domingo, 13 de noviembre de 2011

CUENTAN QUE LLUEVE


[Foto: Autor Desconocido]


Cuentan que llueve
en la frontera de la infancia,
donde el vértigo se gesta
urdiendo la guerra.


Dicen también que allí
no hay contorno sin nauseas,
y que los escombro
predicen el golpe en las entrañas.


Que el grito emerge siempre
propagando la ceniza
arrastrando los gusanos
por los palacios del cuerpo.


Afirman que los océanos lindantes
imparten la tesis
sobre del dolor de los abrazos
en las ciudades de la escarcha.


          Y que en eso horizontes
          proliferan las cicatrices,


Dicen que diario llueve
y que los talones se quiebran
por el abuso de los pasos.


Mas no me hablaron
de como el sol
nace en la espalda
hechizando las alas.


Me ocultaron,
que la naturaleza del alma
               es negarse al límite
               que supone el nombre.



jueves, 27 de octubre de 2011

CANÍBAL

[Foto: Autor Desconocido]


Hay un recuerdo caníbal
anidando en el murmullo
de las grietas.


Su mueca
perturba mis despojos.


            Me desordena.


En la sien una voz,
tal vez mi voz,
dispara la fatiga.


            Reina la osamenta.


Y los fantasmas transitan
las venas de la llovizna.


Pues es en la sangre
donde se edifica la tormenta,
ese cuento de páramos
que eclosiona entre las costillas.


Se repiten las siluetas,
los soldados del eco.
Avanza un bullicio
por las vértebras.


Entonces una a una las dagas
se roban el aire del nombre,
me queda la amnesia.


Es que existe
un suspiro feroz,
una presencia piraña,
salivando
sobre el cadáver de la risa.


Vaticino así la escarcha,
la muerte de los pájaros,
la proliferación de la ceniza.


Y a este niño de barro,
inconforme con los contornos
que se le moldearon,
detestando cada latido.


Hay un recuerdo caníbal,
gestándose en mis ciudades.


        Y barcas de papel infinitas
         sonriendo en medio del naufragio.



Distinguido como "Recomendado"
en mundopoesia.com el 05-12-2011



martes, 6 de septiembre de 2011

POLSTERGEIST


[Foto: Autor Desconocido]


Hoy no sé de sobrevivientes,
pero si del viento
mutilando mi espalda.


Hoy no sé del sol,
mas conozco las sombras
que devoran mi nombre.


Reconozco la melancolía,
y como muere sobre los huesos,
como duele en los huesos.


            Reconozco los estragos del eco.


Contemplo a la luz
perdiendo sus pájaros,
y a las ramas de la sangre
desplegándose en el abismo.


En esta que es la época
en la que te revelas hueco,
tan desbordante de noche.


Época de ratas,
de jaurías desolando
la voz y sus cimientos.


           Hoy no sé de mí,
           ni del abrigo.


Sé de la morada
donde la piel deviene extinta
y aúllan las navajas
con la elocuencia
de un muerto.


lunes, 8 de agosto de 2011

INCOMPLETO

[Foto: Autor Desconocido]


Brota de la oscuridad,
cual río desatado,
la conciencia.


Pero me resisto a nadar
en sus aguas
atestadas de pirañas
            y de colores que duelen
            y que desconozco.


Mas la luz,
esa entrometida luz,
fastidia con dardos
la somnolencia,
famélica guarda vidas
en mi noche de cuervos
y estratagemas vanas
en el país de los lagrimales.


Las muecas, entonces,
devienen bélicas
e intento asirme
a los gusanos lumínicos
detrás de los escudos,
ya hendidos,
de mis ojos.


Me rehúso al sufrimiento,
a la pasividad del voyeur
en medio de la orgía.


        Estando, como estoy,
        tan ausente de pigmentos.

Por ello,
me coso la manos
de las pestañas
y la dispongo
cual exoesqueleto
a la defensiva del entorno,
una cota de malla
contra los sabores del mundo,
tan impregnado
de su recuerdo.


Me atrinchero en mi mismo,
en la llovizna del letargo,
en la negrura del sueño sin sueño,

        Me niego a despertar sin ella
        y descubrirme incompleto.



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