martes, 6 de septiembre de 2011

POLSTERGEIST


[Foto: Autor Desconocido]


Hoy no sé de sobrevivientes,
pero si del viento
mutilando mi espalda.


Hoy no sé del sol,
mas conozco las sombras
que devoran mi nombre.


Reconozco la melancolía,
y como muere sobre los huesos,
como duele en los huesos.


            Reconozco los estragos del eco.


Contemplo a la luz
perdiendo sus pájaros,
y a las ramas de la sangre
desplegándose en el abismo.


En esta que es la época
en la que te revelas hueco,
tan desbordante de noche.


Época de ratas,
de jaurías desolando
la voz y sus cimientos.


           Hoy no sé de mí,
           ni del abrigo.


Sé de la morada
donde la piel deviene extinta
y aúllan las navajas
con la elocuencia
de un muerto.


lunes, 8 de agosto de 2011

INCOMPLETO

[Foto: Autor Desconocido]


Brota de la oscuridad,
cual río desatado,
la conciencia.


Pero me resisto a nadar
en sus aguas
atestadas de pirañas
            y de colores que duelen
            y que desconozco.


Mas la luz,
esa entrometida luz,
fastidia con dardos
la somnolencia,
famélica guarda vidas
en mi noche de cuervos
y estratagemas vanas
en el país de los lagrimales.


Las muecas, entonces,
devienen bélicas
e intento asirme
a los gusanos lumínicos
detrás de los escudos,
ya hendidos,
de mis ojos.


Me rehúso al sufrimiento,
a la pasividad del voyeur
en medio de la orgía.


        Estando, como estoy,
        tan ausente de pigmentos.

Por ello,
me coso la manos
de las pestañas
y la dispongo
cual exoesqueleto
a la defensiva del entorno,
una cota de malla
contra los sabores del mundo,
tan impregnado
de su recuerdo.


Me atrinchero en mi mismo,
en la llovizna del letargo,
en la negrura del sueño sin sueño,

        Me niego a despertar sin ella
        y descubrirme incompleto.



viernes, 15 de julio de 2011

N/N

[Foto: Autor Desconocido]


No queda sino la hojarasca
de todos aquellos nombres
que supe vestir,
               el siseo irritante
               de la mosca en la telaraña.


Y sé que a estas alturas
debería de erigirme
ya seguro de mi voz,
entre los vestigios de las máscaras.
Pero aún devengo hipócrita
ante temeroso de mis monstruos.


Tal vez nunca fui de mi propiedad,
y es por ello que debería
permanecer agazapado,
casi dormido,
en el cubil del erizo
hibernando las dolencias
y las astillas.


Nunca fui de los que creen
en los finales felices
por ello seduje a la soledad,
para hallarme,
           dar conmigo,
mas no reconocí ni los pasos dados
a la intemperie del ego.


Caí en mi propio olvido.
En la ignorancia completa
de quién soy y de lo que creo.


Continuaré en el desfile,
tan estéril de identidad,
aguardando la oportunidad
               para esquilarme, 
               de raíz,
               el anonimato.



miércoles, 13 de julio de 2011

EXPIACIÓN

[Foto: Autor Desconocido]


Al menos por un instante
renunciaré a bautizar las cenizas,
a marchar con guijarros
dentro de los zapatos
y a erigir ciudades
donde sólo germinan escombros.


Porque incluso las gaviotas
emprenden un último viaje,
antes de aceptar
la salinidad de la noche,
es que pretendo
darle batalla a la neblina.


Y mientras dure ese instante
no cederé terreno
a la asfixia de la palabra,
ni daré por perdida la carrera
antes de tiempo,
antes del verdadero final
de mis finales.


No busco pues sobrevivir
a los barbitúricos de la nada,
sólo resistir el sudor del canto
en el pecho de las oquedades
lo suficiente
como para descubrir un latido.


lunes, 27 de junio de 2011

DESDE LOS BARROTES

[Foto: Chema Madoz]


Hostiguen mi cuerpo
hasta el delirio de salmuera
en donde los párpados,
conserjes de las intuiciones,
se prestan al juego
de las pestañas y sus juramentos
a los anhelos de los pulgares.


En tanto se cancelan
las treguas todas
en las coordenadas de la voz
y deviene la batalla
a mitad de las mejillas.


Porque aún aguardo
el quiebre de lo que me he vuelto
entre los barrotes de la dermis,
en el hueco de las palabras
que murmuran identidades.


Muélan mis las alas y trino
que lloveré sabiendo
que el oxígeno pesa
cual niebla y estacas
en medio de las costillas.


Anúlenme el juicio
que a estas alturas
sólo puedo caer en picada.


Descubrirme libre de verdugos,
de grilletes,
y a su vez tan reacio
                   a hablarme,
                   a escucharme.


Siempre supe
que la asfixia sobreviene
al abrazarse uno mismo.



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