viernes, 15 de julio de 2011

N/N

[Foto: Autor Desconocido]


No queda sino la hojarasca
de todos aquellos nombres
que supe vestir,
               el siseo irritante
               de la mosca en la telaraña.


Y sé que a estas alturas
debería de erigirme
ya seguro de mi voz,
entre los vestigios de las máscaras.
Pero aún devengo hipócrita
ante temeroso de mis monstruos.


Tal vez nunca fui de mi propiedad,
y es por ello que debería
permanecer agazapado,
casi dormido,
en el cubil del erizo
hibernando las dolencias
y las astillas.


Nunca fui de los que creen
en los finales felices
por ello seduje a la soledad,
para hallarme,
           dar conmigo,
mas no reconocí ni los pasos dados
a la intemperie del ego.


Caí en mi propio olvido.
En la ignorancia completa
de quién soy y de lo que creo.


Continuaré en el desfile,
tan estéril de identidad,
aguardando la oportunidad
               para esquilarme, 
               de raíz,
               el anonimato.



miércoles, 13 de julio de 2011

EXPIACIÓN

[Foto: Autor Desconocido]


Al menos por un instante
renunciaré a bautizar las cenizas,
a marchar con guijarros
dentro de los zapatos
y a erigir ciudades
donde sólo germinan escombros.


Porque incluso las gaviotas
emprenden un último viaje,
antes de aceptar
la salinidad de la noche,
es que pretendo
darle batalla a la neblina.


Y mientras dure ese instante
no cederé terreno
a la asfixia de la palabra,
ni daré por perdida la carrera
antes de tiempo,
antes del verdadero final
de mis finales.


No busco pues sobrevivir
a los barbitúricos de la nada,
sólo resistir el sudor del canto
en el pecho de las oquedades
lo suficiente
como para descubrir un latido.


lunes, 27 de junio de 2011

DESDE LOS BARROTES

[Foto: Chema Madoz]


Hostiguen mi cuerpo
hasta el delirio de salmuera
en donde los párpados,
conserjes de las intuiciones,
se prestan al juego
de las pestañas y sus juramentos
a los anhelos de los pulgares.


En tanto se cancelan
las treguas todas
en las coordenadas de la voz
y deviene la batalla
a mitad de las mejillas.


Porque aún aguardo
el quiebre de lo que me he vuelto
entre los barrotes de la dermis,
en el hueco de las palabras
que murmuran identidades.


Muélan mis las alas y trino
que lloveré sabiendo
que el oxígeno pesa
cual niebla y estacas
en medio de las costillas.


Anúlenme el juicio
que a estas alturas
sólo puedo caer en picada.


Descubrirme libre de verdugos,
de grilletes,
y a su vez tan reacio
                   a hablarme,
                   a escucharme.


Siempre supe
que la asfixia sobreviene
al abrazarse uno mismo.



sábado, 26 de marzo de 2011

LA INTROSPECCIÓN DE LA ROSA: LATIDO INCONCLUSO

Armonía - E R I Z O

[Foto: Autor Desconocido]


Abrazo las pupilas de esta noche
que agolpa sus entrañas
en la febril caricia
de un latido inconcluso;
cierro las pestañas
para recordar
la fragancia de la rosa
la aspereza de su cáliz.


Pienso...
y las estrellas titilan gotas de nácar.


Es entonces
cuando las espinas
desfilan hacia dentro,
y se aferran a las pieles salinas
de la nostalgia;
al erial de contornos
y memorias
tan renuentes de olvido.


Pienso...
mas el tiempo no me alcanza.


Mis manos,
estas manos
que intentan alcanzar
la aridez de un sentimiento
en las ateridas puertas
de una mustia sonrisa,
me recuerdan la piedra del molino
en el que ya no hay vida.


Pienso...
y el silencio acobarda la razón.


Aquí adentro,
donde se columpia la llovizna,
no hay refugios ciertos
y aún así, camino
en la desnudez
siempre hacia mi anverso,
a la nación del ego,
al origen de mis palabras.


Pienso...


Pienso...
y el número de pasos
se me hace infinito.



lunes, 14 de marzo de 2011

LA PETITE MORT


Foto: Autor Desconocido


Hermafroditas mis dedos
requisan tu piel, esa tu piel
de arándanos y gemidos,
oteando, desde las colinas
de tus pechos de escarcha,
narcisos creciendo
allá, donde debiera
estar tu ombligo.


    El hambre aumenta.
             La sed desborda.
                   Las ansias ganan.


El alud ya no se reprime
y sus exhalaciones muestran
la voracidad del tacto
masticando los oídos,
en tanto entinto tu cuello
              y lo delimito
              y lo adoso
              a mi feudo de nubes.


Serás mía hasta el alba.
en mi cenit,
cuando mengüe,
e incluso luego.


Los corazones crepitan.
La sangre ya no basta
para apaciguar los anhelos
de cielos tintos.


       Debo ir más allá
       del placer de la saliva.


Debo bajar,
         descender,
a la grieta y zambullir
la libido de mi verbo,
el cuerpo de mi palabra,
en tus prerrogativas de sirena.


Y entonces oírte cantar,
ninfa de la carne,
en esa lírica ininteligible
de selvas deforestadas
por el sudor del éxtasis.


Contemplando en tus pupilas
la orgía de estrellas que enmarcan
el borde del mundo pendulante
en mi boca de enredadera.


La misma 
que te alcanza el vértigo
de los puntos suspensivos,
dilatadamente excitados,
hasta tu paraíso de espasmos.


Aguardando se oxide el aire
y te atrape 
para mi disfrute
en ese cierre de ópera,
ese ocaso hedonista,
de guirnaldas sanguíneas
 y asfixia sináptica
al que llaman:
            

              La pequeña muerte.




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