lunes, 27 de junio de 2011

DESDE LOS BARROTES

[Foto: Chema Madoz]


Hostiguen mi cuerpo
hasta el delirio de salmuera
en donde los párpados,
conserjes de las intuiciones,
se prestan al juego
de las pestañas y sus juramentos
a los anhelos de los pulgares.


En tanto se cancelan
las treguas todas
en las coordenadas de la voz
y deviene la batalla
a mitad de las mejillas.


Porque aún aguardo
el quiebre de lo que me he vuelto
entre los barrotes de la dermis,
en el hueco de las palabras
que murmuran identidades.


Muélan mis las alas y trino
que lloveré sabiendo
que el oxígeno pesa
cual niebla y estacas
en medio de las costillas.


Anúlenme el juicio
que a estas alturas
sólo puedo caer en picada.


Descubrirme libre de verdugos,
de grilletes,
y a su vez tan reacio
                   a hablarme,
                   a escucharme.


Siempre supe
que la asfixia sobreviene
al abrazarse uno mismo.



sábado, 26 de marzo de 2011

LA INTROSPECCIÓN DE LA ROSA: LATIDO INCONCLUSO

Armonía - E R I Z O

[Foto: Autor Desconocido]


Abrazo las pupilas de esta noche
que agolpa sus entrañas
en la febril caricia
de un latido inconcluso;
cierro las pestañas
para recordar
la fragancia de la rosa
la aspereza de su cáliz.


Pienso...
y las estrellas titilan gotas de nácar.


Es entonces
cuando las espinas
desfilan hacia dentro,
y se aferran a las pieles salinas
de la nostalgia;
al erial de contornos
y memorias
tan renuentes de olvido.


Pienso...
mas el tiempo no me alcanza.


Mis manos,
estas manos
que intentan alcanzar
la aridez de un sentimiento
en las ateridas puertas
de una mustia sonrisa,
me recuerdan la piedra del molino
en el que ya no hay vida.


Pienso...
y el silencio acobarda la razón.


Aquí adentro,
donde se columpia la llovizna,
no hay refugios ciertos
y aún así, camino
en la desnudez
siempre hacia mi anverso,
a la nación del ego,
al origen de mis palabras.


Pienso...


Pienso...
y el número de pasos
se me hace infinito.



lunes, 14 de marzo de 2011

LA PETITE MORT


Foto: Autor Desconocido


Hermafroditas mis dedos
requisan tu piel, esa tu piel
de arándanos y gemidos,
oteando, desde las colinas
de tus pechos de escarcha,
narcisos creciendo
allá, donde debiera
estar tu ombligo.


    El hambre aumenta.
             La sed desborda.
                   Las ansias ganan.


El alud ya no se reprime
y sus exhalaciones muestran
la voracidad del tacto
masticando los oídos,
en tanto entinto tu cuello
              y lo delimito
              y lo adoso
              a mi feudo de nubes.


Serás mía hasta el alba.
en mi cenit,
cuando mengüe,
e incluso luego.


Los corazones crepitan.
La sangre ya no basta
para apaciguar los anhelos
de cielos tintos.


       Debo ir más allá
       del placer de la saliva.


Debo bajar,
         descender,
a la grieta y zambullir
la libido de mi verbo,
el cuerpo de mi palabra,
en tus prerrogativas de sirena.


Y entonces oírte cantar,
ninfa de la carne,
en esa lírica ininteligible
de selvas deforestadas
por el sudor del éxtasis.


Contemplando en tus pupilas
la orgía de estrellas que enmarcan
el borde del mundo pendulante
en mi boca de enredadera.


La misma 
que te alcanza el vértigo
de los puntos suspensivos,
dilatadamente excitados,
hasta tu paraíso de espasmos.


Aguardando se oxide el aire
y te atrape 
para mi disfrute
en ese cierre de ópera,
ese ocaso hedonista,
de guirnaldas sanguíneas
 y asfixia sináptica
al que llaman:
            

              La pequeña muerte.




viernes, 18 de febrero de 2011

INCERTIDUMBRES Y CERTEZAS DE QUIEN RESPIRA


[Foto: Autor Desconocido]

Qué será de mí
sin los harapos del viento
evaporando la lluvia
en la mezquindad de las rendijas,
esas grietas tan íntimas,
tan mías y a su vez,
                        tan suyas.


Sé de remanentes y de astillas
en los recovecos de la erosión,
en los vértices de la arena.


Así como sé
que extrañaré sus filos
cuando el mundo se dilate
en pláticas sombras monótonas .


Entiendo de oquedades,
de pretextos,
y de la exfoliación silente
de los huesos,
de mis endebles huesos.


Pero cómo augurar 
la huelga de corcheas
si las dendritas,
torpes ramas de yoismo,
pierden su afecto
por la sinapsis justa
mucho antes de hora.


Sobrará el oxigeno una vez más.
Me conoceré entonces y dudaré.


Los latidos arrítmicos
alertan del peligro 
de oficiar de equilibrista
en los bordes
de las propias navajas.


Comprenderé finalmente,
que cuando el aire sobre
sólo nos queda
inflar vertiginosamente
los pulmones.


Sabiéndonos en cada exhalación,
eternos sobrevivientes.

miércoles, 9 de febrero de 2011

MARIÁNGELES

[Foto: Autor Desconocido]


El misterio de la picardía
se aferra a tus pecas,
y estas se arremolinan jocosas
en los cielos de tus mejillas.


Reúnes y atesoras
constelaciones de lentejuelas.


Y lo incierto de la bruma
se diluye cuando despabilas,
comprobándola inherentes
a tu forma de libélula. 


No temes al horizonte,
pero te incomoda su contingencia,
y aún así afirmas poder darle mensura
desde tus pestañas de estrellas.


Todo se ilumina,
          se clarifica,
           se simplifica,
             y se vuelve certeza
         en los abrazos
      de tus brazos,
mis melodías de canela.


Amas bailarina tornasolada
rodando en palacios de corcheas
impregnando el aire de colores,
contagiando la sinestesia.


Explosiva,
          impulsiva.
Todo te es nuevo
y a la vez tan obvio.
Para todo encuentras respuesta.


Incluso para la oscuridad
de los astros viejos,
a los que das nuevo lustre
en la crisálida de tu sonrisa.


Arrullando el universo
en los pliegues de tu iris,
me invitas a ovillarme y guarecerme 
del diluvio adulto
jugando, tal como tu lo haces,
a ser brillante luciérnaga.


Mi amado gérmen de cometa.


(Para mi hermana, mi pequeño lucero)



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