jueves, 13 de septiembre de 2012

ANTAÑO, LA VOZ

[Foto: Alberto Polo Iañez]


Las vestiduras de la nada
son de mi talla,
pero se me han obsequiado
las ropas garrafales
de un mundo que aúlla
                      y muerde.


Y aunque hubo una época
en la que mis sonidos
supieron ser soldados
hoy carezco de los vocablos
que se esgrimen
contra la desesperación,
contra la terrible desolación.


El poema calla.
El poema
      me apuñala.

Herido,
huyo al bosque
esperando dar con el sepulcro adecuado
para las gesticulaciones deformes
de la sangre,
que estrangulada en el latido
me augura
contagio y locura,


He de ver migrar
a los mismos nómadas,
la tribu de los mudos,
en sus balsas de luto
al otro lado de la nostalgia.


Cuántos silencios más
tolerarán mis brazos.


Yo, el marginado
en los corredores del viento,
heraldo de las palabras
que remedan al hambre
olvidé el canto,
aquel himno,
en la profundidad
de la cicatriz más vieja:
              El nacimiento.



martes, 24 de julio de 2012

ENTRAÑAS

[Foto: Broke Shaden]


Que hay en mí
sino el silencio
de un océano
que no se sabe húmedo,
qué hay sino un síntoma,
             como una fiebre,
             en lugar de vida.


Y en el fondo,
allá donde se erigen favelas,
una costilla que me rechaza
por no lograr ser oscuro,
por no evitar
ser sólo este hueco amorfo
en el discurrir del tiempo.


A veces quisiera
que retorne esa época
en la que la soledad
era el juguete maleable
de mi mente infantil
y no esta criatura,
             este monstruo,
que amenaza despojarme
de lo que resta de cordura.


Sin embargo,
si algo tengo son estos muros
y esta oquedad sin bordes
atestada de viento
que es siempre viento
y nunca corazón,
              nunca latido,
              ni pertenencia.


Entonces, desespero
y me arranco trozos
como buscando liberarme
de la crisálida.
Mas no hay luciérnagas
tras mis muros,
sólo hay un sismo que amenaza
cobrar forma en la garganta.


Los sueños,
los sueños también muerden
y apuñalan,
pero nunca soy la navaja.



domingo, 24 de junio de 2012

ATISBO DE LOCURA



[Foto: Robert & Shana Parkeharrison]


El niño que nació obsoleto
solloza sobre la espalda de la vida.


Solloza
porque lo arrojaron al invierno
descalzo de alas
y armado
con un corazón de viento.


Se despliega en la niebla
su nombre de cornisa,
                  de estrépito,
                  de muerte.


Y él, atragantado de noche,
le confiere a la tribu
de los náufragos
los honores del mendigo.


No quedan arrullos
para los que amordazan muertos,
ni sobran reliquias
para los que exorcizan silentes.


Sólo está ese sol,
ávido de cuerpo,
que detesta el bosque.


El niño que nació transparente
solloza una ópera de páramos.


El niño que nació raíz
pretende ser rama
           más nunca
           asomará su follaje.



Elegido para 
formar parte de la antología poética 
"Revelaciones"
de la selección de cuentos y poesía
de la Editorial Dunken 2012
compilado por Ricardo Tejerina



viernes, 1 de junio de 2012

PURGAR MARIPOSAS


[Foto: Broke Shaden]


La forma
en que sus ojos anochecen,
cada vez que ríe,
me embriaga.


Pero temo conocer
el revés de su nombre,
porque eso me empujaría
a la locura de querer
abrazar su contorno
hasta desintegrar el propio.


No sé si la amo
o si oculto a mi conciencia
tal premisa.
Mas, estoy seguro
que las tormentas
alojadas en su cabello
son mi fetiche,
y que en su cintura
se acurruca
el mejor de los poemas.


Es así, que cuando
nuestros astros coinciden,
disfrazo el nudo
que se apodera de mi garganta
con palabras torpes
y evito, con ademanes
de prestidigitador,
detener la mirada
en sus labios,
porque el magnetismo
que profieren
haría peligrar la coartada.


Me conformo
con que cante sonrisas
en mis párpados
y ruborice al viento
que se cuela por su escote
buscando aquel lunar
del que pocos saben.


No me escucharán decir
que huele a canela,
porque ésta
palidece al lado suyo.
Huele más bien
a cielo y orgasmos.


Seamos realistas,
la desnaturalización de su imagen
en un concepto sublime
no mermara las ansias
de corromperla
y volverla un apéndice
de mi lujuria.


Y sin embargo,
debo restringir ese latido
a las recámaras del cuerpo.
             No dejarlo salir,
             no dejarlo hablar,
pues eso conllevaría
la total aniquilación.


Aunque, reconozco,
no me amedrentaría
la posible extinción
si la misma resultase
de perder el oxígeno
en al menos
             un beso suyo.


No, no sé si la amo
o si busco tan sólo
purgar mariposas.



martes, 22 de mayo de 2012

LA MORTAJA

[Foto: Broke Shaden]


Cuánta catástrofe
ha de soportar mi eje
antes de que lo vea
caducar
lisiándome los pies.


Cuánta muchedumbre
ha de transitar mi centro
y periferia
antes de que suene
              el réquiem.


Y aunque no temo
a los sauces,
me pregunto de qué sirve
restaurar los huesos
cuando la voz
se ha cubierto de hoyos.


La lápida
se eleva interrogativa,
y nadie mora en el sepulcro,
nadie habita en mi vida.


Ya no hablo con el viento,
ni con la humedad,
ni con eso que creí
mi espíritu.


Entonces,
de dónde proviene
ese murmullo,
ese coro agónico.


La verdad
es que no hay murmullos,
           no hay coros,
           no hay voces,
           ni eco.


No hay atisbo alguno
de compañía.


La soledad,
la soledad es siempre
la mortaja que asfixia.



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