martes, 20 de marzo de 2012

NÓMADA

 
[Foto: Cetrobo]


Qué fue del anhelo
por respirar,
de ese acto reflejo
de respirar,
que me instara
a buscar la superficie
lejos de tanta nube.


Qué de esa luz,
la valiente luz,
que antaño
distanciara a los lirones
que ahora se mastican,
caníbales,
en mi locura.


No quiero este vértigo,
ni morar más en mí,
tan hacia abajo
entre los rascacielos del hambre.


Porque aquí
la voz se arrastra
y se sabe gusano
y putrefacción,
y los niños no conocen las alas.


Quiero el follaje de vuelta,
mas dudo retorne.
Después de todo,
los erizos
no merecen edredones.


Siempre,
siempre es luto en mis bordes.


Soy demasiado cobarde
para renunciar
a los monolitos.


Y elegir la extinción
y desvanecerme en corcheas
dejando atrás todas mis raíces.


Abandonando, de ese modo,
los molestos témpanos
que me pueblan,
me estrangulan
y se mofan
          de mi parsimonia,
          de mi andar letárgico,
          de esta sonrisa triste.


Sólo atino a evocar
la leyenda remota
del coraje
para sortearlos,
devenir nómada,
y escapar así
del frío.



jueves, 26 de enero de 2012

LA PALABRA DEL ERIZO

[Foto: Autor Desconocido]



Hoy quiero hablar de la costa
a la que desciende la raíz de tu palabra,
de los pellejos que va dejando en la arena
para aglutinarse con el sol.


Quiero hablar de los túneles cadavéricos
que tu palabra enciende,
de cómo una nube
se convierte en un tratado
para acicalar el abandono
o cómo el amor
es la distancia intransitable
entre una espina y un contorno.


Entre los mendrugos de la sombra encuentro una luz
que irradia hacia las raspaduras del pasado.


Tu palabra sabe ser ella misma,
tiene la costumbre de enredarse
en las encrucijadas de mi devenir,
de clavarse en la prehistoria de mi aurora
y desgarra fácilmente la membrana
que cimienta el exilio de la lágrima.


Y mientras más envejecen mis olvidos
más entiendo las cortezas y los núcleos,
                             en ese viaje incierto tu palabra
                             emancipa cualquier miedo.


Es un pulso invisible.
La singular voz que te acontece.
El final que siempre vuelve a la tierra
                             para sentirse semilla.




Poema que me ha dedicado

Ana Belén Cardinali,
para leer más de su obra
pueden visitar
www.facebook.com/diluviospoeticos





martes, 24 de enero de 2012

NOCTURNO

[Foto: Cetrobo]


La opulencia,
de las ciudades
que me habitan,
se abastece
con demonios
que vociferan bélicos.


En su galope
estos faunos traen el sismo
que me sacude
y nombra escoria.


Las bahías todas
se repliegan
sobre sus muertos,
en tanto humea el silencio
por encima de la saliva
de mis umbrales.


Y aún no sé
donde duerme el refugio.


Pero lo que sí sé,
es que estos brazos
no fueron ideados
para contener
cataclismos,
ni mucho menos,
para disimular muros
en medio del páramo.


Entonces, me pregunto,
qué haré con las fisuras.


Que haré con la hueste de cactos
que prospera en las entrañas
evocando la intemperie
con la que me arropo,
ese hoyo que preña
la cavidad de mi tórax.


Y ese nombre,
ese maldito nombre,
y su estruendo,
y su garfio
quitándome del eje
dejándome esta vorágine.


Este mediodía-cadáver
sobre el cual
me declaro nocturno.



Elegido para 
formar parte de la antología poética 
"Polifonía Audaz"
de la selección de cuentos y poesía
de la Editorial Dunken 2012
Compilado por Jorge Enrique Hadandoniou


sábado, 7 de enero de 2012

INOCULARSE RESILIENCIA



[Foto: Autor Desconocido]


Desentramar el cuerpo
del ovillo,
creciendo en la inmediatez
de la herida.


Conocer luego
la forma
más allá del harapo.


Hurgar entonces
entre los propios átomos
buscando la chispa
que famélicos
nos anima.


Acapararla toda.


Aceptando
los lindes del feudo
vaciando el nombre
de cada una de sus ramas.


Para acontecer alados,
libres de mundos
anidando en los hombros,
pero conscientes del peligro
que acarrea la nube.


Nunca hay que dejar
de acicalar a los insectos,
ni de catalogar
la reminiscencia de los fósiles,
pues las cicatrices
se saben perennes.


Y es por ello
que no se desechan
las guaridas,
aquellas garitas
donde pequeños,
minúsculos,
nos maquinamos
               GIGANTES.



lunes, 12 de diciembre de 2011

VOLVERSE PÁJARO



[Foto: Robert & Shana ParkeHarrison]


La noche se columpia
en el trapecio de mi jaula
y desde allí
grita que estoy loco.


Loco a causa de esta piel
que no entiendo
y que me conjura enfermo
al pie de mis estatuas.


Allí mis dioses
se corrompen
y obtengo nuevas orfandades,
                      nuevos féretros,
                      la misma noche.


Son los garabatos de antaño
los que se arrastran
por mis venas
cual bestia terrible
que ha perdido los ojos,
y que siente miedo.


Miedo de sí misma.


Miedo del océano insoldable
que supone su sombra.


Esas son las moscas del espanto
apareándose entre los latidos,
sobre la osamenta de los sueños,
en los huesos expuestos de la risa.


El deliro no es otra cosa
sino el vástago
del niño que llora silencios
porque en la penumbra
habitan los monstruos
que conocen su nombre.


             El sol ha muerto.


Y el mausoleo
donde reposa
devino en isla,
pero se han hundido
todas las balsas.


           Ha de morir entonces
           la epifanía del cuerpo,
           el orgasmo de los bordes,
           y, finalmente,
           he de volverme pájaro.



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